He creado este espacio para construir una voz que vaya mas allá de tu clase de yoga en el mat. Una voz humana que transita por la experiencia física de contener un alma.
Vamos a plasmar en palabras, muchos pensamientos y eurekas que nuestra práctica formal e informal, nos ha regalado a lo largo de las clases.
Hemos llegado casi a mitad de año, y es difícil transitar tanto los días en que nada sucede como aquellos que nos arrasan, y exigen tanto FLEXIBILIDAD como DIRECCIÓN.
La práctica de yoga es en realidad un entrenamiento para mi actitud, No, no es un entrenamiento para pertenecer a un selecto grupo de personas que se doblan hasta los pies, o que meditan levitando. Es un entrenamiento que nos lleva a ser proclieves a detener la reacción, a sumergirnos en lo que sucede con una consciencia despierta, a no juzgarnos, a cuidarnos tanto a nosotros mismos como a los demás.
Nosotros los profes de yoga, tenemos la obligación de venir al mat, De practicar todos los días y de conocer nuestras trampas. A mi también me cuesta desplegar el mat, hay días en que es más fácil y otras que me da mucha pereza, sin embargo, nunca me arrepiento de hacerlo. En todos estos años, llevarme al mat ha sido más que un hobbie o una profesión. Es sin duda darme la mano para mirarme con absoluta curiosidad: en la mente, en el corazón y en el cuerpo.
Elegi el yoga hace 11 años, para darme un punto de anclaje donde transitar el tremendo cambio que quería hacer en mi vida. Pasar del mundo corporativo y financiero, a ser independiente para dedicarme de lleno a mi profesión: la psicología.
Fueron meses difíciles, y debo decir que soy una persona de procesos largos. Me llevo casi dos años darme cuenta que el yoga no solo se había convertido en una practica de sostén y refugio sino también un modo de entender el mundo. Una cosmovisión que me aportaría, el pasaje de entrada a la vida de más personas, para contagiar a todos los que, como yo, estaban atravesando semejante cambio de piel
¿El yoga es terapéutico? Como psicóloga me da ganas de responder que NO, pero al fin de cuentas lo terapéutico es una construcción humana, clínica y social. Siento que hay muchos elementos terapéuticos no formales en el yoga: lo terapéutico de a pertenencia, lo terapéutico de un lugar seguro, lo terapéutico de la calidez, al mismo tiempo la fortaleza para afrontar las cosas que la vida nos presenta.
Soy consciente que nuestra comunidad, es particularmente muy humana. Y aunque no esta en la descripción del apto físico, algunos de nuestros practicantes se acercan a Aira porque están transitando una ruptura de pareja, o un cambio laboral, o tal vez una pérdida muy querida. Y en un código casi secreto con muy pocas palabras, en la sala conocemos lo que traemos y también qué nos llevamos.
Brenda llego al estudio hace varios años (incluso antes que la sala se llame Aira guiño-guiño) y con ella su grupo de amigos a los que fue contagiando en la práctica de yoga. Sera tal vez, como ella misma lo expresa mejor que nadie, lo que pudo descubrir: “el yoga me ayudó en dos sentidos, uno mental (a bajar la ansiedad y poder ver de afuera la cantidad de pensamientos que pasan por mi cabeza) y otro físico (cuando empecé yoga pude reconectar con mi cuerpo desde un lugar más amoroso y de menos exigencia desmedida, tomé consciencia de lo que mi cuerpo es capaz y aprendí a quererlo por eso).” La toma de consciencia es una tarea terapéutica, la conexión con la sensibilidad del cuerpo donde las emociones toman vida es una tarea terapéutica, y lo que más me sorprende es la orientación al cambio. Ella lo resume en esta frase: “Tanto física como mentalmente del yoga me ayudan en los cambios y en la vida en general.”
El regalo más hermoso que un instructor de yoga puede recibir de un practicante es que saque de la práctica formal, herramientas para la vida. Y aunque Brenda y yo nunca hablamos de su progreso en la práctica, de lo que ella también puede ser maestra, me ha dado la satisfacción de llevarse lo que es útil: “incorpore cada tanto la respiración Ujjayi. Me ayuda mucho, pero mucho a concentrarme en la respiración y a frenar la catarata de pensamientos, a relajarme. También tengo un mat en casa y a veces hago saludos al sol y otras posturas”
No somos yoguis levitando, somos almas con complejidades. Transitando una vida espiritual imperfecta.
Creando comunidad, refugio, practica y cambiando de piel.
Pronto nos veremos en el mat, y que un silencio nos diga todo lo que en secreto ya sabemos.

